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De Uniempresarial al Concejo de Bogotá

David Saavedra llegó a Bogotá sin más equipaje que el sueño de sus padres y el rigor de la educación dual de Uniempresarial. Hoy es concejal de la ciudad.

Autor: Uniempresarial 01 Jul 2026 Lectura: 7 min

Entrevista · Egresados Uniempresarial

De Chiquinquirá al Concejo:
la historia de un egresado que eligió servir

David Saavedra llegó a Bogotá sin más equipaje que el sueño de sus padres y el rigor de la educación dual de Uniempresarial. Hoy es concejal de la ciudad.

Innovación Liderazgo Vida Universitaria Educación Dual

Uniempresarial fue su primer destino al llegar a Bogotá. ¿Quién era David Saavedra antes de la política?

Llegué un 2 de enero, directo al preuniversitario de la novena con 16, al edificio antiguo de la Cámara de Comercio. Venía de Chiquinquirá, de una familia donde el estudio era la única herencia posible. Mi mamá, profesora de la normal, me sembró la convicción de que esforzarse era la única forma de salir adelante.

En ese tránsito entre Soacha y el norte de Bogotá —marcando tarjeta a las 7 a.m. en Alfa Gres mientras cursaba primer semestre— entendí que la ciudad no te regala nada: te la construyes. Y esa Bogotá tan ruda, tan caótica, fue la que me cambió la vocación. Yo creía que iba a ser un ejecutivo corporativo. La ciudad me convirtió en servidor público.

¿Qué le dio Uniempresarial que no le dio ningún otro lugar?

La simultaneidad de aprender y hacer. Yo no llegué al mundo laboral cuando me gradué; llegué en primer semestre. Eso forja algo que en los currículos uno llama 'habilidades blandas' pero que en realidad es madurez: puntualidad real, no la del salón de clase; responsabilidad con consecuencias concretas; visión periférica para leer una empresa desde múltiples ángulos.

Mis compañeros que estudiaron en universidades convencionales llegaron al primer empleo sin saber qué era el mundo real. Yo ya llevaba siete semestres trabajándolo.

" Es muy chévere ser grande, pero es más grande ser chévere. — Héctor Lavoe

Usted lidera en el Concejo un acuerdo de educación financiera para colegios distritales. ¿Por qué ese tema?

Porque el 70 % de los colombianos se gasta el salario antes de que llegue el siguiente. Y eso no es un defecto de carácter: es una falla del sistema educativo. En Uniempresarial aprendí a hacer presupuestos, a entender los intereses, a leer un balance.

Esas herramientas me salvaron de decisiones que hunden a familias enteras. Los niños de colegio distrital —los que más necesitan esas herramientas— son precisamente los que nunca las reciben. Cambiar eso es transformación cultural, no política de partido.

¿Cómo lidera a un equipo multidisciplinario donde conviven abogados, comunicadores, financieros?

Alejándome para ver mejor. Eso también lo aprendí rotando por las áreas de Alfa Gres: marketing, producción, administración. Cuando uno se acerca demasiado a un problema solo ve una cara.

En el Concejo tengo catorce personas y trato de que cada una tenga un perfil amplio, no especializado en una sola cosa. La ciudad nos paga para responderle a todo, no solo al tema que nos queda cómodo.

¿Qué tan difícil es escuchar cuando hay tantas urgencias?

Es lo más importante precisamente porque es lo más difícil. Nosotros llegamos a los barrios no a hablar sino a escuchar. Le digo a mi equipo: nada de mesas donde los funcionarios quedan de un lado y los ciudadanos del otro. Mesa redonda, siempre.

La gente no va a esas reuniones a aplaudirnos; va porque tiene un problema. Y el que alza la mano primero para dar su opinión casi siempre está pensando en sí mismo. Yo aprendo más de quien escucha antes de hablar.

¿Qué habilidades necesita hoy un joven para destacar en el mundo profesional?

Primero, saber para qué es bueno —y tener la honestidad de buscarlo aunque no coincida con lo que esperan los demás. Segundo, la capacidad de organizarse mentalmente: la administración le enseña a uno economía, contabilidad, comunicación, producción. Es la carrera más transversal que existe.

Tercero, y esto lo aprendí en la práctica más que en el aula: gestionar el conocimiento. Saber a quién preguntarle qué, construir una red de personas con distintas expertises, es una ventaja que la mayoría de profesionales nunca desarrolla.

Si pudiera enviarle un mensaje a ese muchacho de provincia que llegó a Bogotá el 2 de enero, ¿qué le diría?

Que tenga sueños muy grandes y que les trabaje durísimo. Que los sueños no se logran solos: se logran sumando personas, sumando esfuerzos, construyendo equipo. Que cuando encuentre para qué es bueno, se le meta de frente y sin miedo.

Que cada peldaño tiene su propia satisfacción, y que no hay que esperar llegar a la cima para sentir que valió la pena.

Mi mamá cerraba sus charlas de 'Juventud y Política' en la normal de Chiquinquirá diciéndole a los estudiantes que ojalá su hijo llegara a ser concejal de Bogotá. Le cumplí ese sueño. Eso me enseñó que los sueños también son compartidos.

" Yo creo en los milagros, pero hay que trabajar duro para que los milagros se hagan realidad.

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